martes, noviembre 14, 2006

¿¿Sabía usted que Echelon puede llegar a interceptar hasta tres mil millones de comunicaciones al día (conversaciones telefónicas, mensajes por correo electrónico, ficheros de Internet, transmisiones por satélite, etc.), comprendidos dos millones de llamadas telefónicas por minuto, y filtra aproximadamente 90% de todo lo que circula por Internet??






ECHELON



---Artículo escrito por Duncan Campbell, Periodista de investigación escocés----



Localización de los puntos de escucha de la Red Echelon

El periodista que dio a conocer Echelon, una amplia red de espionaje electrónico, revela hasta qué punto la vigilancia internacional nos afecta a todos.

En los lugares más remotos del planeta proliferan unas semiesferas blancas de 30 a 50 metros de diámetro. Como constelaciones de gigantescas pelotas de golf, brotan en los arrozales del norte de Japón y en los viñedos de la Isla del Sur de Nueva Zelandia.
Constituyen la señal más ostensible de las redes electrónicas ocultas que vigilan el mundo. Cada semiesfera está repleta de antenas de seguimiento por satélite que absorben y examinan silenciosamente millones de faxes, llamadas telefónicas, mensajes de correo electrónico y datos informatizados. Sin que los emisores lo sepan, estos mensajes pasan de los montículos a redes informáticas y a auditores que pueden encontrarse en el otro confín del mundo.
Como éste se ha globalizado y las comunicaciones son decisivas para la actividad humana, esas redes de escucha han aumentado de manera exponencial. Forman parte de los llamados sistemas de captación de señales o sigint, manejados por un puñado de países avanzados.
Durante muchos años, la existencia de las redes de sigint permaneció en secreto: en los países interesados la ley desaconsejaba e incluso prohibía toda alusión a ellas. Actualmente, el Parlamento Europeo está realizando una cuidadosa investigación sobre las organizaciones de sigint y cómo pueden vulnerar los derechos humanos o interferir en el comercio internacional. La preocupación europea se centra en Echelon, un sistema que conecta las estaciones de escucha de diez países a fin de interceptar y procesar las comunicaciones internacionales por satélite. Echelon es sólo un eslabón de una inmensa red controlada por Estados Unidos y sus aliados de habla inglesa –el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelandia– denominada UKUSA en virtud de un acuerdo secreto que constituyó dicha alianza en 1948. Es muy poco lo que se sustrae al control de UKUSA, que intercepta mensajes transmitidos por Internet, cables submarinos y radioemisoras, así como los procedentes de los equipos de vigilancia instalados en las embajadas. Funciona incluso en el espacio, por medio de una flota de satélites orbitales.
La historia de los sistemas como Echelon es tan antigua como la propia radio. El primer escándalo internacional sobre escuchas subrepticias estalló en 1920, cuando el Senado estadounidense descubrió que unos agentes británicos copiaban todo telegrama internacional despachado por las empresas telegráficas de Estados Unidos. Las redes internacionales actuales se tendieron en las etapas iniciales de la Guerra Fría, cuando muchas naciones occidentales empezaron a vigilar conjuntamente a la Unión Soviética.



Realidad y fantasía

Pero, ¿qué es lo que se escucha?, y, ¿por qué razón? Oficialmente, los gobiernos sólo admiten que la vigilancia tenga por objeto neutralizar ciertos peligros unánimemente aceptados, como la proliferación de armas, el tráfico de drogas, el terrorismo y el crimen organizado. Pero ésta es sólo la parte visible del iceberg. El objetivo principal es conocer las comunicaciones diplomáticas y los planes militares de los demás gobiernos y conseguir información de carácter comercial, considerada prioritaria. Amnistía Internacional y Greenpeace figuran también entre las organizaciones que interesa observar.
UKUSA es la red más extensa del mundo, pero Francia, Alemania y la Federación de Rusia cuentan con sistemas similares, así como los países escandinavos y algunos de Oriente Medio, como Israel, Arabia Saudí y los Estados del Golfo Pérsico. Los presupuestos de todas las agencias sigint de los gobiernos suponen probablemente un desembolso anual de 20.000 millones de dólares, según los cálculos que yo mismo hice para un informe del Parlamento Europeo publicado en 2000.
Pese al extraordinario alcance de Echelon y de los sistemas equivalentes, es falso que podrían interceptar “la totalidad de las comunicaciones por correo electrónico, teléfono y fax”. Tampoco son capaces de reconocer el contenido de todas las comunicaciones telefónicas. Y es pura fantasía que el mero hecho de que dactilografiar una palabra clave como “bomba” en un e-mail ponga en marcha una grabadora de cinta magnética en alguna base secreta. De cada millón de comunicaciones telefónicas o mensajes que se intercepten, menos de diez servirán para obtener información. Y la mayoría de las comunicaciones personales se ignoran, salvo las de personas “importantes”, como políticos, hombres de negocios de primer plano, y sus familias.
Pero, gracias a la red UKUSA, es posible tener acceso a la mayor parte de las comunicaciones por satélite en el mundo y tratarlas, transmitiendo su contenido a los Estados clientes. El sistema proporciona a los países participantes una enorme ventaja política, totalmente injusta, ya que en su mayoría las naciones en desarrollo no pueden financiar la asistencia técnica ni el equipo indispensables para preservar la confidencialidad y seguridad de sus redes.
El asunto empezó a conocerse en los años 70, cuando quedaron al descubierto los servicios de inteligencia estadounidenses a raíz del escándalo del Watergate, provocado por el empleo de dispositivos electrónicos clandestinos de escucha por el presidente Richard Nixon contra sus adversarios en las elecciones. Desde entonces, un número creciente de denuncias han revelado la magnitud y los efectos del espionaje sigint.
Escribí por primera vez sobre el espionaje electrónico en Inglaterra en los años 70. Estaba terminando una licenciatura universitaria en física y observé en el campo la presencia de misteriosos transmisores de radio y satélite. En 1976, revelé la dimensión británica de las actividades de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA), que las investigaciones del Congreso habían dejado al descubierto el año anterior. Causó estupefacción a los funcionarios responsables que se hubiera violado el sacrosanto principio del secreto eterno e indivisible. Poco después de la publicación del artículo, mi coautor estadounidense fue expulsado de Gran Bretaña por constituir una “amenaza contra la seguridad nacional”.
Junto con otro periodista y la persona que nos había dado la información, fui detenido por orden de las autoridades, pero éstas no se atrevieron a acusarnos de espionaje. Nuestro “crimen” había sido espiar las actividades del gobierno para informar al pueblo. Si la denuncia hubiera prosperado, habríamos sido condenados a largas penas de prisión.
En los veinte años siguientes, el secreto oficial perdió rigor en Estados Unidos. Las investigaciones del Congreso en particular arrojaron luz sobre las actividades de las agencias sigint. En Gran Bretaña, en los años 80, la controvertida prohibición de sindicalizarse impuesta a los trabajadores de la Dirección Central de Comunicaciones del Estado (GCHQ) se volvió contra las autoridades al poner en evidencia sus actividades de espionaje.
El desarrollo de Internet ha dado nuevo impulso a esta tendencia. Actualmente, incluso la GCHQ y la NSA han creado sitios en la red a fin de garantizar a los ciudadanos de los países de la UKUSA que no están sometidos a ningún control. Pero estas salvaguardas no se aplican al resto del mundo, cuyos ciudadanos se ven privados por omisión del derecho a la intimidad. Los países que interceptan tales comunicaciones son libres de utilizar a su antojo la información obtenida.




El miedo a expresarse

Este comportamiento viola la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como el Convenio Europeo para la protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales y el Convenio Internacional de Telecomunicaciones, que garantizan la confidencialidad de ese tipo de comunicaciones. Y lo cierto es que la lista de tratados burlados por las agencias sigint va en aumento.
Si bien lo más probable es que los individuos nunca sepan que han sido espiados, esas acciones pueden costar muy caro a sus países o las organizaciones a que pertenecen. Cuando se celebran negociaciones comerciales, las agencias sigint son capaces de interceptar los mensajes de una nación productora y descubrir el punto más bajo al que pueden llegar. Esos informes confidenciales permiten a los negociadores del mundo desarrollado obligar a esos países a rebajar los precios hasta su mínima expresión. Recientemente, diversos gobiernos han utilizado las redes contra organizaciones de defensa del medio ambiente o que protestan contra las injusticias en el comercio internacional.
Para paliar el creciente rechazo que despiertan estas actividades, Estados Unidos ha tratado de ampliar su círculo de colaboradores a países como Suiza y Dinamarca. Aunque la conciencia y la preocupación de la población van en aumento, no basta con estar alerta: si los países y los pueblos quieren integrarse en pie de igualdad en la infraestructura global de la información, es urgente aunar esfuerzos.

2 Comments:

Blogger Pinkerton said...

Sumamente interesante. Gracias por el post. de lo que vi el el blog del maestro gurú Arancibia te interesa la literatura.
Muy bien.

11/15/2006 06:27:00 p. m.  
Blogger Enigma said...

A mí me interesan todas las artes humanas, entre ellas el poder de la imaginación humana...

11/15/2006 06:40:00 p. m.  

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